Cueva de Pedro Fernández Villacañas

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Formada por un conjunto de galerías que alcanzan una longitud horizontal de unos cuatro kilómetros, considerándose como una de las cuevas excavadas en yeso de mayor recorrido en la Península Ibérica. Los restos arqueológicos hallados en la misma pertenecen a la Edad del Bronce, como decimos, en concreto en su fase inicial y media, es decir, entre los años 1.600 y 1.200 a. C.

En ella existen desde lo que parecen unos grabados, distintas manifestaciones de cerámica y vasijas en una especie de repisas naturales, una curiosa pileta o depósito de recogida de agua y distintos enterramientos.

No queda clara la característica funcional principal de la cueva, pero podrían resumirse sus funciones, principalmente, en las siguientes: cueva-necrópolis; cueva-santuario; y cueva-habitación, pues parece ser que cumplió, como poco, estas tres funciones.

En su descubrimiento, la de Estremera fue una de las cuevas más grandes del mundo por la cantidad de yeso y arcilla, explicó José Latova, fotógrafo, espeleólogo y uno de los expertos que trabajaron en la primera fase de su exploración, allá por los años 70.

Además del magnífico decorado natural, rico en estratos y en información sobre la evolución del terreno, lo que los espeleólogos del grupo Estándar encontraron en noviembre de 1971 al profundizar en las galerías fueron «restos humanos en conexión anatómica [intactos, sin desmembrar], vasijas completas, útiles de hueso, de piedra, huellas y tres grabados de la Edad del Bronce»

El acceso, que se encuentra tapado por una reja en forma de parrilla, se realiza en vertical por una boca existente sobre el llano, de unos 9 metros de profundidad. En la actualidad continúan los trabajos de excavación arqueológica, con lo que no es mucho más lo que se conoce.